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Por los que no están ni olvidados, ni muertos…

el . Publicado en Isaac García

Cuba: Aniversario 63 de la epopeya del MoncadaGuantánamo.- Escasas armas y preparación militar, pero mucho coraje y  deseos de ver libre a su Patria,  llevan los asaltantes a los Cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, dos ciudades del oriente del país cuya historia resumen sus hijos más dignos.

 Jóvenes que en 1953,  año del Centenario del Natalicio de José Martí, decidieron encender nuevamente la llama   de la rebeldía,  ante los infortunios que sufría el pueblo, martirizado por el gobierno proyanqui de Fulgencio Batista, quien tras un golpe de Estado pretende perpetuar su mandato..

Al frente de los rebeldes, el joven abogado Fidel Castro Ruz, expone el pensamiento de Martí como bastión infranqueable: “Una idea desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”,  a pesar de que en desafío desigual se enfrentarían a militares altamente calificados y entrenados, resguardados  en fortalezas casi inaccesibles y apoyados por el gobierno norteamericano.

Era el 26 de Julio de 1953,  la mañana de la Santa Ana… La ciudad de Santiago de Cuba dormía después de una larga noche de festejos populares; los disparos rompieron el silencio… A la par, se desarrollan acciones en Bayamo.

Víctimas de una delación los jóvenes encabezados por Fidel se exponían a ser presas fáciles;  los militares se pusieron sobre alerta a esperar el combate.

Después se supo por la prensa al servicio del gobierno de la operación de los “amotinados”, casi todos procedentes de La Habana,  “revoltosos” que pretendían desestabilizar al país.

Más tarde se publicaban fotos de cadáveres torturados y hasta mutilados  de parte de los asaltantes…Fueron 135 los que salieron de la Granjita Siboney al Moncada, en Santiago y otro grupo que operó en el Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

De joven visitaba con frecuencia el Círculo Social Obrero José Luís Tasende, ubicado en las playas del Oeste de La Habana, donde conocí que ese sitio  fue “propiedad” de los ricachones que se repartieron hasta las costas, antes del triunfo de la Revolución.

Supe también que Tasende fue por sus méritos hombre de confianza de Fidel y uno de los que lo acompañó en la dirección del movimiento que asaltó los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953.

En la revuelta unos militares batistianos lo confundieron con uno de los uniformados heridos en el Cuartel Moncada y lo fotografiaron;  al conocerse  su verdadera identidad resultó asesinado e incluido en la lista de los asaltantes que murieron en acción.

Yacieron masacrados 80, sólo seis murieron en combate. Viles mentes segaron las santas almas de los jóvenes, pero no sus ideas. Unos pocos pudieron escapar de la represalia del gobierno sediento de sangre.

Para esa fecha casualmente en Guantánamo, se estima que sin saber de los hechos del Moncada y del Carlos Manuel de Céspedes, un grupo de  campesinos dirigidos por Miguel Bertrán, también se disponía a enfrentarse a la sangrienta tiranía.

Entre los sitios destacan las estribaciones de Monterus y la Sierra Canasta, donde se gestaba el levantamiento, el cuartel provincial de la tiranía, las riberas del Río Jaibo, una fábrica clandestina de explosivos que detonó y causó la muerte de varios compañeros, en fin, calles y rincones rurales donde la llama ardía a fuego vivo.

De aquí emergieron varios nombres vinculados a la gesta del Moncada. Iván Abel Rodríguez, Jefe de Acción y Sabotaje del movimiento 26 de julio en Guantánamo,  Gustavo Fraga Jacomino, (mártires) y  Julio Camacho Aguilera, Demetrio Montseny  y Miguel Bertrán Bertrán, entre otros, que sobrevivieron el triunfo revolucionario.

Hay que recordar que el hoy General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente del Consejo de Estado y de Ministros cubano,  estableció en Guantánamo la primera Comandancia del Ejército Rebelde en el Aguacate de Monterus,  y se orientó por la dirección nacional del movimiento 26 de julio que los combatientes clandestinos de aquí emprendieran acciones decisivas para el país.

En Guantánamo tuve la dicha de compartir en una ocasión con  el asaltante al Moncada Alejandro Ferráz Pellicier y el expedicionario del yate Granma Gilberto García Alonso, momento en que me convencí una vez más de porqué fue necesario entonces tomar esas decisiones y porque surgieron quienes lucharon y entregaron hasta sus vidas por el porvenir de la patria.

La miseria en la que estaba sumida la mayor parte del pueblo mientras una minoría burguesa se apoderaba de sus riquezas naturales y económicas no debía ser más soportada.

Ferráz dijo que sin un yate Granma no hubiera triunfado la Revolución; Gilberto expresó que sin el Moncada no hubiera existido un Granma.

Ambos coincidieron en que sus epopeyas solo fructifican cuando día a día se construye y perfecciona lo logrado y en la idea de que a los héroes y mártires se honran con el diario cumplimiento del deber.

Las heroicas acciones del Moncada y el Carlos Manuel de Céspedes fueron frustradas, pero Fidel, quien expuso su alegato de defensa en el juicio, acusado de haber sido el promotor de los asaltos,  llamó a convertir el revés en victoria.

Se convirtió en acusador del gobierno y los  serviles lacayos que oprimían al pueblo. Adjudicó a Martí la autoría intelectual de esa epopeya.

 El documento de defensa pasó a la posteridad con el nombre de “La historia me absolverá”,  y más tarde sería el programa de la Revolución cubana al refrendar en él la posibilidad real de que en el país existiera una  sociedad justa.

Los jóvenes que no fueron asesinados siguieron a Fidel en la guerra irregular en las montañas de la Sierra Maestra, recordando a los compañeros mártires que ofrendaron sus vidas.

Uno de los sobrevivientes escribió la Marcha del 26 cuyos versos señalan: “La sangre que en Cuba se derramó, nosotros no debemos olvidar… que sirva de ejemplo a esos que no tienen compasión que arriesgaremos decididos por esta causa hasta la vida… ¡Que viva la Revolución!”.

Los caídos resurgen en el pueblo dispuesto a defender la patria cuyo suelo abonaron generaciones anteriores con su sangre. Hoy vivos o muertos, los mártires de la epopeya están en todos los sitios y se ratifica  en el pueblo la convicción de que siempre es y será 26.

 

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