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Por amor y vigesimoctava ocasión el arte desanda serranía cubana

Escrito por Yaimara Villaverde Marcé el . Publicado en Cultura

Guantánamo.- Su compromiso eterno con el arte y el público de las montañas, su arbolito cultivado, ese que Martí dijo que todo hombre debe sembrar, es para el actor Ury Rodríguez el proyecto sociocultural conocido como Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa que, para orgullo del ámbito escénico en el territorio y renovadora alegría del serrano, anda nuevamente cuesta arriba por vigesimoctava edición.

Esta iniciativa con bien ganada reputación es considerada el mayor suceso comunitario de ese arte en Cuba, hace varios años alcanzó mayoría de edad y ahora cuando ronda casi los “ta” lleva consigo, como en iniciales días, los mismos nobles sueños en las mochilas, la promesa del retablo campestre y la única ambición de aportar a la espiritualidad del montuno y conquistar su sana risa.

 Al aire libre, tanto en calles y parques de los cerca de 200 poblados a los que llega, en una escuela, secadero de café o los alrededores de los bateyes levantan su escenario los juglares, para alborozo de niños y adultos, con ilusión especial de los infantes, que se adelantan en carreras y dan el aviso: ¡Ahí vienen!, y hasta tararean alguna tonadilla aprendida en anterior edición.

 “La Cruzada es un trueque en el que cada uno aprende del otro, es un teatro participativo donde tanta valía tiene el actor como el público que la siente suya”, apunta Ury quien aún no peinaba canas cuando comenzó en la experiencia y hoy, con el pelo plateado, sigue siendo el mismo aventurero juglar con un talento depurado al que no se resiste auditorio alguno.

 El difícil pernoctar de 34 días en condiciones de campaña se hace más ameno con la cordialidad del campesino, la calurosa bienvenida en cada parada, el espacio colectivo tan agreste como hermoso, el café o el humilde techo compartidos, y el gratificante “¡ooohhh!” del público en las funciones, por la admiración teatral, que es siempre el mayor incentivo, señala el artista guantanamero.

 Quienes conocen del hacer de este proyecto, y aún más quienes lo han vivido y han subido a las carretas para conquistar cada rincón, saben que sin dudas se trata de una admirable obra de amor al arte y al prójimo, de desprendimiento y sacrificio, de crecimiento espiritual y satisfacción por la alegría del otro, inspirado en Martí, en Fidel y esa suerte llamada Revolución.

 Hay toda una generación de esas lomas que creció conociendo los clásicos de la literatura y la dramaturgia cubana y universal gracias a esta iniciativa activada cada 28 de enero en honor al Héroe Nacional y que nunca debe desaparecer, pues promueve el análisis, la risa reflexiva y el desarrollo de artistas aficionados, recalca el “cruzado” con más ediciones vividas (27).

 Asimismo reafirma el titiritero Eldys Cuba, de la misma casta de actor social y con 24 años en el itinerario, para quien llevar la magia de las tablas a las montañas es compromiso y superación, como además lo es para Yosmel, de la nueva hornada, o Vizcaíno, Tula, Rafael y Maribel López, entre los más veteranos de la expedición inaugurada en 1990.

 Esta última actriz, quien dirigió por unas dos décadas al Guiñol Guantánamo y buen tiempo también a la Cruzada, es agasajada ahora por su entrega y a sus 65 años no se pierde los centenares de kilómetros por el Grupo Orográfico Sagua-Baracoa, y sostiene que fomentar valores éticos y estéticos es virtud que consolida a este periplo de más de un cuarto de siglo de fundado.

 Al inicio éramos sólo 15 jóvenes teatristas los que nos aventurábamos por el lomerío con mucho menos recursos, y luego el suceso aunó definitivamente a los grupos locales Guiñol, Ríos, Dramático y La Barca, y frecuente suma a otros de otras regiones del país y extranjeros, investigadores, periodistas, motivados por compartir la bella iniciativa, destaca Gertrudis Campo (Tula).

 Muchos de estos se hacen asiduos, como lo es Teatro Andante, de Granma; el cienfueguero Teatro de los Elementos, Palabras al Viento, de Holguín, y el Guiñol Nacional, mientras otros -dice la titiritera- subieron ahora por vez primera, entre ellos Gigantería, de La Habana, y las compañías foráneas Desensamble Teatro Cabaret, de Colombia, y Amares Social Clown, de Uruguay.

 De los usuales están también estos días instructores de la Brigada José Martí, frutos del sistema de enseñanza artística potenciado por Fidel y cumplida profecía del Apóstol, quien amó todas las artes, instó a la utilidad de la virtud, fustigó la concentración de la cultura en las ciudades y predijo que el pueblo de la Isla sabría construir un país exento de ese fenómeno.

 Esta vez será un lujo juntar el 25 de febrero , durante el coloquio del evento, a los respectivos premios nacionales de teatro y de la plástica Armando Morales y Nelson Domínguez, el primero de los cuales es habitual en la travesía cuyo impacto, ha dicho, le recuerda la huella dejada en 1961 por los alfabetizadores de la célebre campaña cubana para enseñar al pueblo a leer y a escribir.

 “La Cruzada es un acontecimiento trascendente que hay que proteger, no llena bolsillos pero sí el alma”, coinciden Ury, Maribel y todos sus protagonistas, quienes este 14 de febrero, a solo 18 días de la arrancada, arribaron al municipio de Maisí, tras cerca de un centenar de funciones en similar número de poblados de Manuel Tames, Yateras, San Antonio del Sur e Imías.

El cronograma, que concluirá a inicios de marzo en Baracoa, ha comprendido como promedio seis espectáculos diarios, ritmo que logra la tropa dividiéndose en varios grupos para llevar hasta las localidades más intrincadas atractivo repertorio para todas las edades y abordado desde diversas estéticas, incluida la técnica titiritera y la del clown, tan esperadas por todos.

Y qué decir de los receptores, son tantos los que han aprendido a amar al teatro y le agradecen hoy a este suceso: Angelito, el de la yunta de bueyes; Segundo, fiel colaborador; Celso, María y la vieja Ana del buen cafecito en la mañana, sus hijos, nietos, bisnietos, y el resto de las decenas de miles que esperan la Cruzada con la ilusión del amor correspondido, que aunque viaje vuelve, cada inicio de año.

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